¿Has soñado alguna vez que tenías otro cuerpo y seguías siendo tu? Es decir, en el sueño tú eras tú, pero los demás veían desde fuera a otra persona. O al revés, algún personaje del sueño era otra persona físicamente, pero por dentro era tu pareja, tus amigas… ¿Te imaginas que un día te levantas del sueño y esto ha ocurrido de verdad? ¡Qué locura! Entonces, en tal caso, parecería más bien una pesadilla, ¿no? Pues imagina que hay personas que se sienten así, que les ocurre esto cada día. Y, además, no se atreven a decirlo, incluso tras muchos años de guardar el secreto. No creo que sea cuestión de suerte, aunque muchos padres y madres la consideren como mala, sino más bien, un conjunto de genética, ambiente, epigenética,etc.  Al final, todas las personas nos desarrollamos según estos factores, genética y ambiente. Aunque muchas personas intenten meternos una u otra a la fuerza, ya hemos comprobado que así la gente no aprende ni comprende. Pero esto no es todo, otra de las peores cosas que les puede pasar, si no la peor, es que nacen en “territorio enemigo”, es como ser un inmigrante en tu propia familia. Vaya, esto sí que es tener un mal despertar… Te levantas de la cama, te miras al espejo y ves que no eres tú, no se lo puedes contar a nadie, incluso pasan años antes de que estalle, y no cuentas con el apoyo de tu familia. 

Cuando yo era niña mi madre, mi padre y mi hermano no hablábamos sobre este tipo de cosas, no les juzgo, lo entiendo, era algo que estaba ahí, en el ambiente, pero no se hablaba. Era algo “nuevo” para ellxs. Luego crecí y empecé a conocer a gente cuya orientación sexual era diferente a la mía, igual en algunas cosas… También conocí a personas a las que les había ocurrido esto, lo de la pesadilla, y no podía creerlo. Entendí desde el primer momento que estas personas tenían que tener alguna ayuda, en casa, de la sociedad, ¿cómo iba a ser que la gente estuviera sufriendo por no poder dejarse el pelo largo, o llevar vestido, o pantalones y el pelo corto? A ver, para mí era sencillo. Tu eres lo que quieras ser, fin. ¡Pero que ilusa era yo! Rápidamente me di cuenta de que había personas que opinaban sobre esto, que era inhumano, que esto no podía ocurrir ni tener lugar, como si se tratara de pelusas que puedes esconder bajo el felpudo. Otrxs opinaban como si les afectara directamente a ellxs, como si fuera algo malo para ellxs, ¡y eran las personas las que estaban viviendo esta pesadilla las que estaban pasándolo mal! El dolor lo sentían ellas. Mi madre y mi padre, que son ya más mayores, nos educaron a mí y a mi hermano en el respeto, hacia todo el mundo, y estas personas merecían lo mismo y, además, una dosis extra de amor, porque lo estaban pasando realmente mal, ¿en qué cabeza cabía que encima se les culpara de algo? 

Esta es la historia de muchas personas que pertenecer al colectivo LGTBIQ+, no se identifican con el sexo asignado al nacer, no se identifican con su apariencia física o no se identifican con las acciones que tiene que llevar a cabo en su vida, muchas veces impuestas, sobre todo, por parte de la familia, ese “territorio enemigo” del que hablábamos antes. Cuando una persona de este colectivo acude a consulta no necesita que des por hecho lo que le sucede, no necesita que le digas que su depresión es consecuencia de su transexualidad, homosexualidad, o lo que sea, porque esto lo convierte en un problema, cuando no lo es. No intentes indagar sobre el origen de su bisexualidad, o de su identidad queer. Tampoco des por hecho que ha sufrido algún tipo de abuso en su infancia o alguna agresión, y de ahí puede venir el rechazo hacia lo heteronormativo. 

Yo también me equivoqué en el pasado, y me queda mucho por aprender, pero siempre haré lo que esté en mi mano, desde mi posición, para hacer un lugar más justo, para ofrecer un lugar seguro para todas las personas, que eso es lo único en lo que todxs somos iguales. Y tú, ¿qué vas a hacer?

María Pendón

María Pendón