Cuando era niña recuerdo perfectamente el día que me dijeron “estás más gordita eh”. Estaba en 5º de primaria y el chico de clase que me lo dijo no lo hizo con ninguna mala intención. Si, porque no siempre la gente hace comentarios sobre tu cuerpo para hacerte daño. Pero, independientemente de la intención, el problema es que nos enseñan a hablar de lxs demás desde que somos niñxs. Ese comentario me lo hicieron a mí, pero podría haber sido yo la que se lo hiciera a otra persona. En cualquier caso, me los siguieron diciendo durante años, diferentes personas, con intenciones que ya por aquel entonces desconozco.

Después de ese día recuerdo que me comparaba constantemente con mis amigas, las cuáles eran más mayores y tenían cuerpos diferentes, lo normal, todas las personas tenemos cuerpos diferentes. También me comparaba con otras chicas de clase, o con las bailarinas del Grand Prix…Recuerdo querer esconder constantemente lo que yo creía que eran “defectos”, porque me habían enseñado que eso no era normal, y aunque todos ellos fueron desapareciendo con el tiempo, o se cambiaban por otros, siempre tenía “algo mal” Siempre estuve obsesionada con el peso, la talla, la barriga, los brazos… Nunca estaba bien hasta que conseguí estar muy delgada. Me agradaba que me dijeran “que delgada estás” “que canija te estás quedando”, aunque muchos de esos comentarios viniesen de personas que querían molestarme, me daba igual, en mi mente estar así de delgada estaba bien, era como tenía que ser. No contaba calorías ni hacía deporte en exceso, pero si tenía esos pensamientos constantemente en mi cabeza e intentaba comer “lo normal” para no engordar, y si en alguna comida “me pasaba” intentaba saltarme la siguiente, aunque tuviera mucha hambre. También tenía alimentos prohibidos, como los helados o el chocolate, pero también las patatas, el pan o la pasta. No hacía deporte por desconectar o por ejercitar los músculos, el objetivo era no engordar. Estaba bien, feliz, las demás personas me veían así, claro, porque había conseguido estar muy delgada, que era mi único objetivo.

Con los años mi círculo cercano se fue ampliando y los cuerpos que veía eran todos diferentes, lo normal, y me empecé a dar cuenta de todos los “defectos” que decían tener y como los ocultaban o como querían hacerlo, pero, además, conocí a otras personas que no tenían ningún problema con su aspecto físico, estaban bien con él y lo respetaban, lo cuidaban. Estas últimas personas no eran grandes deportistas, no todas tenían la misma talla o peso, no todas tenían la misma alimentación ni siquiera tenían los mismos rasgos faciales, no formaban parte del mismo grupo, estaban ahí esparcidas entre todas las personas con complejos, ahí estaban sin miedo, sin rumiación, tranquilas.

Me di cuenta de que comían sano, que comían mucha variedad, que se cuidaban, y que cuidarse también era comer chocolate el día que le apetecía, no suplían su malestar con comida, o con la ausencia de ella, la disfrutaban. Me di cuenta de que hacían deporte para fortalecer su cuerpo, había otras que no iban al gimnasio, pero si mantenían su actividad física con paseos, o prácticas puntuales de otros deportes. Me di cuenta de que se miraban al espejo sin meter la barriga, sin evitar mirar ciertas partes, se miraban para vestirse, pintarse o para quitarse algún punto negro, pero sin más, no ocupaba mucho tiempo de su día, se iban de vacaciones ¡y no se llevaban un espejo pequeñito en el bolso para «retocarse»!, pero tampoco evitaban mirarse. Me di cuenta de que , a veces, usaban cremas para tener hidratada la piel, pero si se les olvidaba no importaba, no era un ritual inflexible que hacer cada día. Me di cuenta de que cumplían sus sueños, que algunas tenían parejas (otras no querían), que había muchas cosas que les reconfortaban, vivían “como en los términos medios” casi nada era excesivamente importante o complejo. Y casi todo era algo posible de disfrutar, un aprendizaje, que su cuerpo era una parte más de ellas, que no sentían la necesidad de pasar desapercibidas o de ser el centro de atención para ocultar sus carencias. Me di cuenta de que dedicaban mucho tiempo a su salud mental, a reflexionar. Veía tantas cosas, y ni siquiera le había prestado atención a como eran sus cuerpos.

Me di cuenta de que era a ellas a quienes quería parecerme, no por su aspecto si no por como veían el mundo. Comprendí que se trataba de eso, de aceptarme y de mimarme, no de limitarme y restringirme. Comprendí que no podía cambiar a otras personas, no podía cambiar que la gente opinara, pero si podía cambiar quedarme en ese comentario, quedarme en su limitación o seguir en mi progreso. Entonces, ¿qué puedo hacer para cambiar mi físico? Si te sientes identificadx con lo que acabas de leer, no necesitas cambiar tu cuerpo, si no la forma en la que te relacionas con él. Y lo que puedes hacer es:

1º Acudir a terapia.

2º Seguir contenido en redes sociales de personas que te generen bienestar y que hablen y visibilicen a todos los cuerpos.

3º Reflexionar sobre todas las cosas que tu cuerpo te permite hacer tal y como es.

4º Reflexionar sobre quienes son las personas a las que admiras, y el porqué las admiras.

5º No opinar del cuerpo de las demás personas.

Y tú, ¿a quién quieres parecerte?

María Pendón

María Pendón