A colación de la última entrada que subí al blog recordé la difícil situación en la que nos encontramos en las redes sociales con respecto a la libertad que tenemos para hacer comentarios a personas que no conocemos, ya sean personajes públicos o no. Somos como una gran clase haciendo bulliyng a una niña o un niño, con diferencias, claro está, pero sin ningún tipo de pudor a lanzar insultos, comentarios sobre el aspecto físico, la conducta, la ropa… tal y como puede ocurrir en un colegio cuando lxs profes o las madres y padres no están y los más pequeños aprovechan para acosar.

Pero, ¿qué ocurre con la Salud Mental? Hay muchas personas que queremos visibilizar estas problemáticas ya sea como pacientes, psicólogxs, médicos o influencers, entre otros, cada persona mas o menos acertada, pero con el objetivo común de visibilizar y validar. No obstante, muchas personas también juzgan si X tiene derecho, o no, a tener determinados problemas ¡Ojo! Esto no solo ocurre en redes sociales, en consulta también tengo a personas que consideran que no tendrían porqué sentirse mal, que no les ha ocurrido nada, que no tienen motivos o no tienen derecho.

Entonces, me pregunto, ¿es que alguien te puede quitar tu derecho a sentirte mal? ¿es que existe una lista de motivos escritos por los que tu sí puedes sentirte mal? ¿o es que acaso también hay otra lista de motivos que te eximen de poder sentirte mal? ¡Cuantas listas sacadas de nuestra base de datos científica www.meloinvento.com! Yo pienso que los seres humanos somos geniales, pero a veces no tanto.

Detrás de un “no sé que me pasa” puede haber dificultades para gestionar las situaciones cotidianas o para reconocer tus emociones; detrás de la sintomatología ansiosa puede estar el miedo a fracasar, la autoexigencia, un padre o una madre con patrones ansiosos o el perfeccionismo; detrás de la sintomatología depresiva puede haber una pérdida que nunca se superó, una relación que te hace sentir desbordada, un trabajo que te exige demasiado, una persona que sobrepasó todos tus límites; detrás de todo esto puede encontrarse una baja autoestima, o tener una baja autoestima ser un precursor de todo esto… En definitiva, no solo los hechos traumáticos pueden evocar problemas de salud mental, son también las cosas de la vida cotidiana las que pueden afectarte, y tener determinados factores de protección como un buen apoyo familiar, una pareja que te valora, una buena red de apoyo social, un buen trabajo o solvencia económica no significa que tengas una “barrera inquebrantable” frente a las dificultades psicológicas.

¿Y porque algunas personas si desarrollan problemas de salud mental y otras no? Nuestros aprendizajes desde la infancia van a condicionar nuestra forma de relacionarnos con el mundo, repercutiendo incluso en la edad adulta. Ya se saben las consecuencias de una educación autoritaria y una educación negligente, lo cual, está directamente relacionado con los tipos de apego. No obstante, recibir una educación normativa, para que nos entendamos, no quiere decir que en algún momento no se implante en el niño o la niña la semilla de la duda, se invaliden sus emociones, se sobrepasen sus límites, se exponga a imágenes o mensajes contradictorios o que aporten información errónea sobre el mundo. Pasar por situaciones difíciles puede hacer que desarrolles estrategias fundamentales para el futuro, pero también puede que estas estrategias sean insuficientes o deficientes para determinadas situaciones y finalmente necesites pedir ayuda. Por el contrario, sobre proteger a los más pequeños o hacer que tengan una vida de “color de rosa” puede que sea un impedimento para crear a personas adultas resilientes o que sean capaces de pedir ayuda.

Cada persona tiene una historia, y cada historia un aprendizaje (mejor o peor, pero un aprendizaje)

María Pendón

María Pendón