Lo que vivimos cuando somos pequeñxs nos condiciona en la forma de relacionarnos con los iguales y con nosotrxs mismxs. Esto no quiere decir que no podamos cambiar determinadas conductas con el paso del tiempo. Es más, una de las formas que tenemos de modificar estos aspectos es conociendo su historia, nuestra historia.
Te pongo un ejemplo: Paula tiene una relación muy desestructurada con su pareja, no sabe porque sigue ahí, aunque sienta que estando con él se hace cada vez más pequeñita, es incapaz de dejarlo. La primera relación que tuvo cuando era niña fue con un padre ausente y una madre con diagnóstico de trastorno bipolar que, aunque pudiera cubrir aspectos concretos como la alimentación o llevarla al cole, estaba ausente emocionalmente. Paula aprendió a reprimir su tristeza. Cuando se sentía mal por algo no quería ser una carga más para su madre, no quería sumar más tristeza a la que ya ella tenía, así que hacía como si nada. Aprendió a preocuparse más de los demás que de ella misma. Sentir soledad o abandono a pesar de estar rodeada de sus hermanas era algo habitual.
Hoy no entiende sus emociones, no conoce lo que su cuerpo le dice, intenta a toda costa ocultar su malestar para no sumar carga a las personas de su entorno (porque tiene miedo de ser una carga y que la abandonen) y aunque a veces se siente sola se dice a sí misma que es una tontería, que no tiene motivos para sentirse así. Intenta a toda costa ser positiva, aunque últimamente no lo consigue.
Cuando era niña espero durante años a que su padre volviera, en el mismo escalón de siempre. Que volviera para ayudarla con su madre y con sus hermanas, pero nunca volvió. Su persona refugio había fallecido de manera inesperada. Puede que hoy siga esperando a que su padre vuelva a salvarla, quién sabe.
Paula aprendió desde pequeña a ver en los demás los pequeños gestos de atención o de cariño hacia ella, aquello que justificaba, de alguna forma que era querida, que era valorada. Esta habilidad también la usó con amistades y parejas, de este modo se quedaba más tiempo del deseable junto a personas que le estaban haciendo daño. Además, Paula tiene miedo de ser como su madre, a pesar de haber visitado a varias psicólogas piensa que aún no se ha descubierto su problema, así que otra cosa que hace cuando se siente mal, las pocas veces que es consciente e intenta reflexionar sobre ello, se invalida. De manera inconsciente se dice que no tiene que darle tanta importancia a que su pareja le haya levantado la voz, le haya insultado o pierda los papeles de vez en cuando, no quiere ser una “dramática” como era su madre.
De este modo, un poco resumido, podemos observar patrones conductuales que fueron aprendidos por Paula en su infancia y que ha condicionado la manera de vincularse con lxs demás, y con ella misma. Conocer nuestra historia no lo justifica todo, pero si le pone sentido y puede formar parte de los primeros pasos hacia el cambio.
¿Te vienes a terapia?❤️🩹



