Puede que en algún momento en los últimos años te hayas planteado si tú o tus hijxs pasan demasiado tiempo pegadxs al móvil, a la tablet… y está bien que nos hagamos este tipo de preguntas.

Centrándonos en lxs adolescentes, ¿qué esta ocurriendo?, ¿por qué mi hijx no puede vivir sin móvil? Lo que está ocurriendo es lo que yo llamo “la pescadilla que se muerde la cola”. Puede que el adolescente esté pasando por situaciones que le cuesta gestionar, dificultad para reconocer sus emociones o pensamientos que le generan inseguridad, y entonces se refugia en el móvil por ser una distracción de todo esto que le ocurre, y que además puede cubrir alguna de estas necesidades, que no consigue obtener “de manera natural” en su entorno social, familiar o escolar. Por ejemplo, puede proporcionarle reconocimiento social, puede “tapar” las dificultades que tiene a la hora de comunicarse o relacionarse con otras personas de manera física, la vergüenza que le supone entablar una conversación cara a cara, el miedo a que se rían de el/ellx por un comentario fuera de lugar, recibir la atención que no recibe en casa, distraerse de la ansiedad que le supone no conseguir aprobar ningún examen, evitar el aburrimiento por ser incapaz de estar sin hacer nada, la sensación de anonimato… Todo esto sin hablar de la facilidad de obtener “recompensas inmediatas” es decir, satisfacción e información con un solo click.

Pero, entonces, ¿los problemas emocionales ocurren antes de que aparezca la adicción? Efectivamente, el móvil puede convertirse en un refugio, en una nueva forma de interactuar, pero la otra cara de la moneda es, la adicción. Ahora, puede que haya conseguido encajar en el mundo, ¿pero que ocurre si le quitas el móvil? ¿puede que te este diciendo que está a punto de morir? Pero, además, a veces deja de ser satisfactorio, deja de cubrir esas necesidades de las que hablábamos ¡y le genera otras nuevas! Y, por supuesto, ten en cuenta que la niña o el niño no nace adicto, las personas adultas somos las que le ponemos esa herramienta en sus manos, y ellxs la convierten en una vía de escape o en su única forma de relacionarse con el mundo.

¿Qué podemos hacer entonces? Te dejo aquí algunas recomendaciones:

  1. Desde pequeñx tienes que proporcionarle a tu hijx vocabulario y formas de expresar sus emociones. ¡Ojo! No todxs lxs peques son igual de expresivos, aún así crecen sabiendo que tienen un entorno en el que apoyarse, aunque les cueste hablar.
  2. Déjales que sean curiosos, responde a sus preguntas sin miedo, que no sientan que son las pantallas las que mejor van a responder a sus dudas.
  3. Si son adolescentes y ya han adquiridos hábitos poco saludables, puedes empezar por expresar tu preocupación por el tema en un entorno tranquilo, sin gritos.
  4. Es importante mantener horarios saludables y realistas (no servirá de nada prohibirle el uso indefinidamente o decirle una hora al día si lo usa 17 horas actualmente).
  5. Hazle saber que el aburrimiento también es importante, no hay que estar haciendo algo siempre. Y, por otro lado, apóyale en descubrir hacía donde le gustaría ir cuando sea una persona adulta.
  6. Y, por último, acude a unx profesional para que podáis encontrar que se esconde detrás de esa adicción, o si sientes que no es suficiente con lo que ya estas haciendo.

Es importante hablar desde que son más pequeñxs de los riesgos de las redes sociales, de las consecuencias de usar en exceso los dispositivos tecnológicos, apoyar e incentivar las interacciones sociales fuera de casa como las actividades extraescolares (o cualquier otra forma que permita la economía). También es importante los juegos lúdicos dentro de casa y mantener momentos en familia.

Las recompensas por hacer las cosas bien siempre son mejores si no son extrínsecas (vaya palabreja), básicamente, si no tienen nada que ver con lo económico. Las mejores son las recompensas verbales, el mostrar apoyo, también son interesantes los planes fuera de casa (sábado en el parque de bolas, domingo en el campo…), la lectura de un libro antes de dormir, el poder jugar con los juegos que tenga por casa, y de manera puntual, excepcionalmente, una recompensa digital.

Recuerda, todas estas recomendaciones se dan en un contexto general, si necesitas ayuda acude a terapia, ¡no nos sustituyas por una lectura!

María Pendón

María Pendón